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martes, 17 de julio de 2007

Esferas

El objeto más antiguo conocido hasta la fecha se halló en el interior de una mina de Sudáfrica, en un estrato de roca de 2800 millones de años de antigüedad. Se trata de una esfera metálica con tres líneas o ranuras artificiales de un trazado perfecto. Aunque hubo numerosos testigos de su descubrimiento y se realizaron todo tipo de pruebas científicas no se pudo ofrecer ninguna explicación convincente de su presencia allí. Sin embargo, aunque irrefutable, no ha tenido la más mínima repercusión, como la mayor parte de estos extraños objetos. [Hay una veintena de objetos metálicos hallados en estratos pertenecientes al Jurásico y al Precámbrico como bolas, cajas, clavos, etc. ]

Existe otra esfera muy peculiar hallada en Ucrania en 1975, en el interior de un cantera de arcilla (datación: 10 millones de años aprox.). Es una bola ovoide negra de casi 9 cm. de diámetro. Al hallarla el trabajador la golpeó accidentalmente y le hizo una pequeña lasca con lo que se pudo ver el interior, semejante a cristal. Los científicos soviéticos confirmaron la antigüedad y, tras una radiografía, comprobaron que el núcleo poseía una densidad menor que cero, es decir, se trataba de una masa negativa, lo que les llevó a plantear la atrevida hipótesis de que el artefacto consistiera en un depósito de antimateria, empleado como fuente de energía.

El mecanismo de Antikythera

A veces, la recuperación de objetos de navíos que naufragaron pone al descubierto tesoros del pasado. El naufragio de Antikythera -nombre de una isla griega del Egeo- no fue la excepción: sacó a la superficie un testimonio único del avance de la técnica de la Antigüedad clásica, el mecanismo de Antikythera, conocido como la primera computadora de Occidente.

Una vez en el Museo de Atenas, después de haber pasado 20 siglos en el mar, a 42 metros de profundidad, las partes limpias del instrumento exhibían en su superficie numerosas inscripciones astronómicas, en principio no atribuibles a meros adornos. No obstante, la idea de que se tratase de un astrolabio también se descartó, debido a que los primeros reconocibles como tales se registran a partir del 650 d.C.

Luego de décadas de olvido -ya que la recuperación se había realizado en 1900-, Derek de Solla Price, un físico e historiador de la ciencia presentó, en 1959, su conclusión: se trataba de un complicado mecanismo de relojería que, por su diseño y funciones, podía ser llamada la primera computadora de Occidente. Según él, las inscripciones astronómicas debían de ser indicadores de un mecanismo de engranajes que, al moverse, mostraban la posición de los cuerpos celestes. La hipótesis fue rechazada por muchos estudiosos.

Sin embargo, De Solla Price no se dio por vencido e hizo examinar los fragmentos del artefacto mediante la aplicación de radiación gamma, con lo cual pudo comenzar la reconstrucción del mecanismo y establecer su fecha y lugar de construcción.


El examen confirmó que se trataba del instrumento científico más sofisticado de la Antigüedad que había llegado hasta nosotros. Consistía en un artefacto de cálculo astronómico con mecanismos de precisión que, mediante 32 engranajes y un engranaje diferencial, mostraba la posición de los cuerpos celestes en sincronización con el año calendario. El usuario, por medio de una perilla, podía accionar un simulador en miniatura del movimiento del sol, la luna y varios planetas, teniendo a la vista la fecha en que se había dado, o se daría, tal combinación.

Mediante este estudio se pudo, además, determinar que el artefacto pertenecía efectivamente al siglo I a.C., y por las inscripciones y la posición de los engranajes se dedujo que había sido construido alrededor del año 80 a.C., en la isla griega de Rodas, ubicada en el mar Egeo. Este hallazgo aportó importantes datos que llevaron a revisar la historia oficial de la técnica griega.

El descubrimiento del mecanismo de Antikythera obliga, además, a redimensionar el testimonio de las fuentes literarias en relación con su valor histórico, durante mucho tiempo consideradas como mero fruto de la exageración.

La Bateria de Bagdad

Batería de Bagdad es el nombre dado a un jarrón fabricado durante el periodo parto (antes del año 226 d. C.), que algunos suponen que funcionaba como una pila eléctrica.

En junio de 1938, durante unas excavaciones en una colina de Kujut Rabua, una aldea al sureste de Bagdad (Iraq), los trabajadores del Departamento Estatal Iraquí del Ferrocarril descubrieron una vieja tumba cubierta con una losa de piedra. Durante dos meses, el Departamento Iraquí de Antigüedades extrajo de allí un total de 613 abalorios, figurillas de arcilla, ladrillos cincelados y otras piezas. Fueron fechados en el período de los partos (casi quinientos años entre 248 a. C. y 226 d. C.). También hallaron un recipiente muy singular. Era un recipiente de arcilla con forma de jarrón, de color amarillo claro. En su interior había un cilindro de cobre, fijado con asfalto a la embocadura del cuello. Dentro del cilindro había una vara de hierro.

El recipiente medía 13 cm de alto por 4 cm de diámetro, mientras que el cilindro de cobre medía 9 cm de alto por 2,6 cm de diámetro. La vara de hierro sobresalía 1 centímetro y daba la impresión de haber estado revestida de una fina capa de plomo.

En ese año (1939), el arqueólogo alemán Wilhelm König, entonces a cargo del Laboratorio del Museo Estatal de Bagdad, lo identificó como una probable pila eléctrica. Describió su hallazgo en el 9 Jahre Irak, publicado en Austria en 1940. El primer análisis de este objeto consistió en introducir en su interior un electrolito, y conectarle una lámpara, que se encendió muy débilmente. El informe oficial que se redactó después decía que este objeto se comportaba exactamente igual que una pila eléctrica moderna.

De regreso al Museo de Berlín (Alemania), König relacionó el descubrimiento con otros cilindros, varillas y tapones de asfalto similares provenientes de Mesopotamia; todos ellos con varillas delgadas de hierro y bronce. Le pareció que estas “baterías” se habrían podido unir en serie (una detrás de otra) para aumentar el voltaje producido.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Willard Gray, ingeniero en electrónica del Laboratorio de Alto Voltaje, de la General Electric Company, de Pittsfield (Massachussets, EE. UU.), fabricó un duplicado de estas baterías y las llenó con sulfato de cobre (aunque declaró que se podría haber usado otro líquido electrolito al alcance de los habitantes de Iraq de la época: zumo de uva corriente). La pila funcionó y generó entre uno y dos voltios.

Gray dijo que introdujo además una estatuilla de plata, que en dos horas se volvió dorada. Según él, había demostrado que la batería funcionaba, y que su probable uso era de restaurar objetos de plata.

Críticas escépticas

El arqueólogo König no mostró con qué material se podrían haber unido las “baterías”, ya que entre los miles de objetos arqueológicos encontrados en Mesopotamia no había ningún objeto metálico transmisor de la corriente eléctrica (como un alambre de hierro) de longitud suficiente para unir varias de estas “pilas”. König sostuvo que el objetivo de estas baterías era proporcionar la electricidad necesaria para realizar galvanización con oro y plata (aunque hasta el momento no se ha encontrado ningún objeto antiguo galvanizado).

Para König y Gray no había nada más fácil que afirmar que estos recipientes eran pilas. Sin embargo, la hipótesis de las pilas es insostenible: no se encontraron restos, ni siquiera trazas, de ningún electrolito dentro de los cilindros de cobre. Si estos recipientes se hubieran utilizado como generadores de tensión, deberían haber contenido algún electrolito, el cual, aunque hubiese pasado mucho tiempo, se habrían podido detectar en la actualidad. Además, tampoco se encontró el alambre necesario para hacer uso de las pilas.

El hecho de que al agregar sulfato de cobre como electrolito se haya generado una diferencia de potencial de 1,5 V, no implica que realmente se hubiesen utilizado como baterías, ya que cualquier otro recipiente que contenga dos metales puede generar una tensión eléctrica mínima si se le agrega algún elemento electrolítico.

El experimento del ingeniero Willard Gray (galvanizar en dos horas una estatuilla de plata con electrolito de zumo de uva) resultó ser falso. La pila de Bagdad podría haber generado como máximo 10 mA. Entonces para depositar 10 g de oro teóricamente serían necesarios casi 6 días de trabajo continuo (y 10 días para depositar 10 g de plata). En la práctica este tiempo se puede duplicar o triplicar.

Si se agrega vino, vinagre u otro ácido, la varilla de hierro se desintegraría en poco más de 1 año. No obstante esas varillas han llegado hasta nuestros días, clara muestra que no se utilizó ese par galvánico.

Aquellos que consideran que este artefacto era efectivamente una pila eléctrica, la califican de oopart (acrónimo en inglés de out of place artifact: artefacto fuera de lugar). Los escépticos en cambio piensan que el jarrón sólo servía para guardar pergaminos y cosméticos.

Destrucción

Por desgracia, la batería de Bagdad, que se encontraba en el Museo Arqueológico de Bagdad, desapareció tras el expolio del museo por parte de soldados estadounidenses durante la invasión de Irak de 2003.

Calaveras de Cristal

Los lugares en los que se han hallado estas tallas están ubicados generalmente en América Central, concretamente en ruinas aztecas y mayas.
Las calaveras de cristal están cortadas con la forma de un craneo humano, varían en forma, tamaño y tipo de cristal.

La más conocida de estas calaveras es la "Skull of Doom" (Calavera de la Muerte, o del Juicio Final) descubierta por Mitchell-Hedges, el cual afirmó que fue desenterrada por su hija Anna en 1927, durante una expedición realizada en las ruinas mayas de Lubaantum (Belize), tras mover unas grandes piedras que cubrían un altar de uno de los templos mientras buscaban huellas de la Atlántida.

Tiene características muy similares a la de una verdadera calavera humana, como una mandíbula móvil con sus dientes.


Hasta ahora no se ha logrado determinar la forma en la que fue tallada, ya que se trata de un trabajo imposible de realizar por los más talentosos escultores o ingenieros de nuestra época. Fabricada con cristal puro de cuarzo, tanto la mandíbula como el cráneo provienen de la misma roca.
Es anatómicamente perfecta, seguramente sea la representación de un cráneo femenino debido a su pequeño tamaño, 12,7 cm. de altura, mientras que su peso es de 5 kg.

El craneo, perfectamente tallado en cristal de roca, presenta un alto grado de dureza (siete sobre diez, en la escala de Mohs), de lo que se deduce que sólo mediante fundición del mineral y utilizando un molde, o mediante el uso de un diamante podría obtenerse algo parecido.
Pero los mayas no poseían la suficiente capacidad técnica para semejante trabajo.

En el año 1970 la familia Mitchell-Hedges entregó el craneo los laboratorios de Hewlett Packard para su estudio.
Pudo comprobarse que el cristal fue tallado en contra del eje natural del cristal, algo totálmente ilógico, pues esto provocaría la rotura de la pieza de cuarzo, aun usando tecnología láser.
Otro hallazgo sorprendente consistió en que no había evidencias del uso de herramientas metálicas.

Hasta ahora se han descubierto varios craneos en distintos lugares del mundo, pero sólo estas nueve parecen auténticas:

- SKULL OF DOOM. Descubierta en 1927 por Mitchell-Hedges en las ruinas mayas de Lubaantum, Belize.

- MAYA. Descubierta en Guatemala en 1912.

- LAZULI. Tallada en lapislázuli. Descubierta en 1995 al norte del Perú por indigenas incas.

- JESUITA. Se tiene noticias de ella desde 1534. San Igancio de Loyola, fundador de los Jesuitas, la tuvo en su poder.

- SHUI TING ER. Tallada en amazonita, descubierta hace 130 años por el arqueologo chino Yeng Fo Huu en el suroeste de Mongolia.

- OCEANA. Esculpida en cuarzo. Pertenecia a un campesino Brasileño que vive en una región remota de la Amazonia. Se cree que fue descubierta por indigenas nomadas de esta región.

- ET. Descubierta en 1906 en Guatemala. Es de cuarzo ahumado. Se caracteriza por la forma puntiaguda del cráneo y mandibula pronunciada. Tiene cierto aire no humano.

- MAX. La mayor calavera de cristal conocida.

- BABY LUV. De cuarzo rosa, descubierta en 1700 por un monje del monasterio de Luov (Ucrania). La conservaban desde hacia cientos de años.

El misterio de las calaveras es enriquecido también por una leyenda que se remontaría a los mayas.
Tal leyenda cuenta que en el mundo existen 13 calaveras de cristal de tamaño natural, y cuando todas sean descubiertas, transmitirán a los hombres todo su conocimiento.

Los Discos Dropa

Las Montañas Bayan Kara Ula, es una de las áreas más aisladas de la Tierra. La ciudad más cercana a ella es Lhasa, en el Tíbet, a una distancia de 640 km. al sur, por terreno infranqueable. Actualmente está habitada por dos tribus de gente muy distinta a la gente de los pueblos de alrededor: Los autodenominados Dropa y los Han, y simplemente no encajan en ninguna categoría racial establecida por antropólogos.

En primer lugar, son de pequeña estatura. La altura media de un adulto es 1 metro y 25 centímetros, son amarillos, sus cabezas son desproporcionadamente grandes y casi calvos, y sus ojos son grandes y azulados, pero no de aspecto oriental. Sus rasgos son prácticamente caucásicos, y sus cuerpos son sumamente delgados y delicados. El peso medio de un adulto, es aproximadamente de 50 kilos.



EL DESCUBRIMIENTO


En 1938 Chi Pu Tei, profesor de arqueología de la Universidad de Beijing, conducía a algunos sus estudiantes en una expedición a una serie de cuevas que se entrelazan en las montañas de Bayan Kara Ula, sobre las fronteras de China y Tíbet.

Según se adentraban, se dieron cuenta de que mas que cuevas, era un sistema complejo de túneles artificiales y despensas. Las paredes eran cuadradas y cristalizadas, como si el corte en la montaña hubiera sido realizado con una fuente de calor extremo. Dentro de las cuevas hallaron lugares de entierro, y en ellos unos extraños esqueletos. Estos esqueletos eran pequeños y delgados y con cráneos muy desarrollados.

Al principio se pensó, que las cuevas había sido el hogar de una especie hasta ahora desconocida de primate. Pero esta idea se desechó al encontrar los esqueletos enterrados. El mismo profesor Chi Pu Tei dijo:

¿ Quien conoce algún primate, que entierre a otro?


Otros descubrimientos realizados en las cuevas excluyeron definitivamente la idea, que estos restos eran de monos.

Sobre las paredes había Pictogramas tallados del cielo: el Sol, la Luna, las Estrellas y la Tierra, con las líneas de puntos que los conectan. Pero aun faltaba el descubrimiento más fantástico de todos. Semienterrado, debido a la suciedad de la cueva, había un disco de piedra, obviamente realizado por la mano de una criatura inteligente. El disco tenía 22.7 cm del diámetro y 2 cm de grueso, también tenía un agujero en el centro, perfectamente circular, de 2 cm de diámetro. De aquí surgía un surco fino en espiral hacia el exterior con caracteres escritos.

Éste disco, ha sido datado entre 10.000 y 12.000 años de antigüedad (mucho más antiguo que las dataciones oficiales de las grandes pirámides de Egipto). Pero no fue el único, en total han sido encontrados 716 platos. Y cada uno con caracteres diferentes.


LOS DISCOS


Los discos únicamente habían sido etiquetados, junto con el resto de los hallazgos de la expedición, y guardados en la Universidad de Beijing, desde el día de su descubrimiento. En el transcurso de esos 24 años, otros habían intentado descifrar las extrañas inscripciones de los discos, pero sin éxito alguno. Fue el profesor Tsum Um Nui quien, en 1962 y al enterarse de la historia de los discos, se propuso el descifrar el significado de estos.

Él y sus colegas intuyeron que los surcos espirales no eran simples dibujos, sino más bien, una escritura increíblemente antigua, grabada de algún modo desconocido y de un tamaño casi microscópico.

Si esto fuera cierto, sería la escritura conocida más antigua del mundo, ya que, como se expuso anteriormente, los discos tienen una antigüedad de 8,000 a 12,000 años. Para empezar, el profesor, ayudado de una lupa, fue transcribiendo minuciosamente los caracteres del disco a un papel.

Durante este proceso, al profesor le iban asaltando preguntas tales como:

  • ¿Cómo pudo un pueblo primitivo realizar unos discos tan exactos?

  • ¿Cómo labraron una escritura casi microscópica en la piedra?

  • ¿Quiénes eran y para qué fin realizaron estos cientos de discos?

Una vez que los caracteres de todos los discos fueron copiados, el profesor Tsum Um Nui y sus colegas, comenzaron la ardua tarea de intentar descifrar su contenido. Finalmente, probando, intercambiando dibujos por palabras y frases, llegó a descifrar parte del código o escritura.

Hecho esto, se dedicó a ordenar los discos, de la forma más coherente que pudo, y así, hacer una trascripción parcial. La historia que en los discos se contaba era simplemente asombrosa.

LA HISTORIA


El profesor pasó a papel la trascripción, así como sus conclusiones y lo presentó en la universidad para su posterior publicación, la cual lo prohibió tajantemente.

Fue en 1965, cuando inesperadamente, un artículo escrito por el filólogo ruso Vyacheslav Saizev, apareció en la revista alemana Das Vegetarische Universum, y en la revista Anglo Rusa, Sputnik, contando la historia de los discos, su composición, y un extracto sobre lo que había sido descifrado por el profesor Tsum Um Nui. Los discos cuentan la historia de una nave espacial procedente de un planeta lejano que tuvo que realizar un aterrizaje forzoso en las montañas de Baian Kara Ula

Los tripulantes de la nave espacial (Dropas) buscaron refugio en las cuevas de las montañas y a pesar de que sus intenciones eran pacíficas, los Dropa no fueron comprendidos por los miembros de la tribu Ham, los cuales, ocupaban las cuevas vecinas y pensando que eran enemigos que querían apoderarse de su territorio, persiguieron y mataron a algunos de ellos.


Cuando finalmente la tribu de los Ham comprendieron el lenguaje, por señas de los Dropa, los admitieron en su territorio al saber que los recién llegados tenían intenciones pacíficas. Los discos también cuentan como los Dropa, fueron incapaces de reparar su nave espacial y la imposibilidad de volver a su planeta de origen, teniendo entonces que quedarse a vivir en la Tierra.