miércoles, 18 de julio de 2007

El faraon extraterrestre

Egipto. Tierra de hacedores, de grandilocuentes obras, de mártires y reyes. Zona seleccionada por ciertos Dioses -ahora en el olvido- que bendijeron a los campesinos con la sabiduría de las estrellas. La sombra de un vigoroso pasado se pierde en la desembocadura del Nilo. Los hijos han convertido el paraíso en negocio, al símbolo en moneda. Parece mentira que toda aquella agraciada cultura se esté perdiendo. El peor enemigo de la historia es la economía. La pobreza y la falta de recursos ahoga el nido de los faraones. La memoria de una nación está en juego.

INTRINCADA EXCAVACIÓN
En 1987 el egiptólogo francés Louis Caparat comenzó las negociaciones con el gobierno egipcio con la intención de llevar a cabo una serie de excavaciones en la Gran Pirámide de Keops. La razón era un tanto pedante: Caparat afirmaba que todavía no se habían descubierto las habitaciones más importantes de la pirámide. Solo él y sus tres ayudantes podrían excavar allí y acceder a los tesoros ocultos. El ministro de educación y el canciller francés de aquel entonces exigieron algún tipo de prueba. Caparat llevó al estrado una serie de planos y manuscritos en donde se afirmaba -de cierto modo- que entre los sitios descubiertos desde principios de siglo hasta la década del 80 existían ciertas zonas en gris. Estos lugares no pudieron ser accesados por los anteriores arqueólogos. Así mismo, Caparat presentó una carta de una empresa norteamericana que ponía a disponibilidad una moderna máquina excavadora, lo cual ayudaría de sobremanera en el trabajo. El ministro pidió una semana de receso en las conversaciones.

En el invierno del 88, Caparat y sus asistentes excavaban ya en Keops. Se le concedió el plazo de cuatro meses con posibilidad de extender el tiempo si se llegaba a encontrar algún indicio. El trabajo fue preciso y llegó a agotar al arqueólogo. No obstante, la tajante persistencia fue su mejor consejero. Día a día avanzaban con rapidez. La excavadora americana funcionaba con increíble acierto. Llegó a trabarse en algunos tramos.

Al poco tiempo, uno de los ayudantes de Caparat - Ernest - comenzó a tener cierto malestar en el pecho. No podía ingerir alimento alguno. Vomitaba de forma extraña, no lograba conciliar el sueño y se quejaba cuando le tocaban. Una sugerente marca roja le rodeaba el cuello. El arqueólogo le acompañó hasta el hospital más cercano. Para su mala suerte debieron internarle. Los médicos le examinaron. Al parecer sufría de un virus no identificado que atrofiaba los conductos internos de los pulmones. Las fosas nasales emanaban gran cantidad de flemas de un color rojizo.

Como precaución, el médico le pidió a Caparat que detuviese las excavaciones. Podría ser algún tipo de trampa creada y desarrollada por los egipcios antiguos.

El arqueólogo afrontó una seria decisión. O abandonar definitivamente la excavación, o continuar por su cuenta. Los otros ayudantes se negaron a prestarle servicios. Temían contagiarse.


EL DESCUBRIMIENTO
En la plenitud de la investigación, Caparat atravesó largos túneles y sobrevivió a cualquier inconveniencia tanto climática como física. Era común que la presión atmosférica fuese baja, lo cual le impedía respirar correctamente. Por esta razón trabajaba desde las 6 de la mañana hasta las 3 de la tarde. A posteriori se dedicaba a analizar los resultados y anotarlos en sus registros.

Una semana antes de que se venciese el lapso programado por el gobierno egipcio, Caparat halló lo que aparentaba ser el principio de una entrada. Marcó el borde superior con su instrumental, una pequeña escoba de mano le ayudó a limpiar el terreno. La tierra era espesa. No se dejaba manejar fácilmente. Caparat descubrió tres jeroglíficos entrelazados por lo que parecía ser un ramo de olivo. Tardó aproximadamente una hora en decodificarlos. Los signos hacían referencia al faraón Keops y a sus condescendientes. El arqueólogo -emocionado- se comunicó con el canciller francés. La excavación recibió apoyo directo del gobierno egipcio. El que antes era un simple soñador, era reconocido como un talentoso investigador. Aunque todavía quedaba mucho por descubrir, Keops asombraría nuevamente al mundo.

LA TUMBA DE CRISTAL
Una centena de hombres y 61 días fueron suficientes para librar de obstáculos la preciada entrada. La puerta yacía en buen estado. Mostraba una cantidad interesante de figuras, representadas en bajorrelieves de fino corte. Con la ayuda de un remolque externo se logró derribar las trabas que impedían abrirla. Los científicos cubrieron sus rostros con máscaras. Examinaron, con precaución, el lugar. Estaba completamente oscuro. Caparat fue el primero en avanzar en tierra desconocida. Para su sorpresa, la recámara contaba con dos círculos de unos 20 centímetros (aproximadamente) ubicados en ambos extremos del sitio por los cuales ventilaba aire. La sorpresa no se hizo faltar. Caparat se topó con una gigantesca tumba de cristal macizo. Llamó a sus asistentes -que habían regresado a sus tareas luego de la buena nueva- y les pidió que alumbrasen el objeto a la brevedad. Para el horror de muchos, un cadáver yacía dentro de la tumba. Y no parecía ser humano.

El cuerpo fue depositado en una ambulancia especial y fue llevado a un centro de investigaciones donde se practicarían diversos exámenes. La tensión creció cuando Caparat halló entre las piernas del ser un papiro antiquísimo. Abandonó el lugar y se retiró a sus aposentos en un hotel. El ministro egipcio de relaciones exteriores se hizo presente en la excavación junto con la fuerza policial. Cercó la zona y prohibió el acceso.

EL PACTO DE KEOPS
Transcribió la traducción con severo cuidado a su cuaderno personal. Caparat se asombraba con cada nueva decodificación. Los jeroglíficos no poseían la construcción fonética normal. El estilo variaba por signo. Al parecer, el faraón Keops había firmado un tratado con un alienígena proveniente de un sistema estelar lejano. El ser le brindaba completa protección durante su vida a cambio de refugio. Así mismo, le explicó el devenir de la historia del hombre. La posibilidad de viajes interplanetarios, de intercambiar personas de mundo a mundo. El faraón, maravillado, aceptó la oferta. Firmaron un pacto en donde se explicitaba que el alienígena podría residir en Egipto el tiempo que desease. La criatura vivió en paz el resto de su longeva vida. La tumba se construyó con un diseño que dibujó antes de morir.

Caparat recibió la visita de la policía en el hotel. Le quitaron el papiro y sus cuadernos. Se le obligó a regresar a Francia.

UNA PROEZA INADVERTIDA
Personalmente, es un tanto difícil de creer que la historia que relata Louis Caparat no esté llevada a la exageración. Me he comunicado con el investigador, quien precisó que ningún hecho descrito fue tergiversado. Volvió a afirmar cada uno de sus postulados. Una cosa es cierta; el ayudante enfermo de Caparat pereció. Consta el registro en el hospital. También es real la excavación. Lamentablemente el actual ministro de relaciones exteriores egipcio no ha querido contestar mis e-mails ni mis cartas. El asunto de la Tumba de Cristal de Keops parece fastidiar a algunos mandatarios. ¿Por qué les molesta hablar sobre algo que nunca existió?

fuente:bibliotecapleyades.net

El misterio de los Callaeci

A partir de la crisis de las culturas minoicas (S. XIV y XIII a.C.), Galicia empieza su relación con otros pueblos, esta vez con el objeto de comerciar con las Casiterides a través de Tartessos, Cerdeña y Sicilia. A esta relación comercial con el este se añaden contactos importantes con las costas atlánticas de Europa.

En esta etapa habían pasado del “eterno campesino neolítico”, común a otras culturas y pueblos (tras el aporte nórdico que había entrado en la Segunda Edad de Bronce), a la Galicia prerromana, con la clara influencia de los celtas que se localiza en tres niveles:

-prerromano de tipo goidélico.

-prrromano de tipo británico.

-prerromano arturicense, que llega en el siglo V después de Cristo y el la “Galicia de Maeloc”; se trata de un celtismo ya cristianizado.

Ahora hablaremos de la importancia del pueblo celta que hizo que por primera vez en Galicia hubiera una especie de distribución y organización en pueblos o tribus, que son los callaeci.

Al hablar de los callaeci o los kallaikoi, diferentes historiadores como Menéndez Pidal y Martínez de Padin, les definen como un pueblo ubicado en el noroeste de la Península, que vive en las montañas y que es difícil de vencer. Estos callaeci constituyen para dichos escritores una unidad superior, similar a la de los lusitanos, cántabros, vascones o satures. Pero este es un tema en el que las diversas investigaciones no han logrado determinar con precisión si los callaeci eran un pueblo que sobresalía sobre los otros que habitaban el territorio de la actual Galicia, o si con este nombre se pretendía ya designar a los habitantes de una región constituida por varios pueblos. Pero lo que más nos puede interesar son las características generales de estos pueblos: la unidad básica era la familia. Sobre esta existía una organización superior territorial. Tenía dos jefaturas: una colegial de los ancianos, y otra personal de los que eran más significativos en la guerra o por su astucia y prudencia. Vivían en castros que eran lugares elevados, dominando un valle o sobre la costa, con una clara posición estratégica.

Por encima de la familia estaban los populi, que eran los que poseían la organización jurídico militar.

Por esto podemos, con cierta certeza, afirmar que su grado de organización era altamente elevado por sus esporádicas vinculaciones con los lusitanos o los cántabros, para luchar contra los romanos, y estos al romanizarlos equipararon a sus gobernantes con sus duces o magistratus.

COSTUMBRES REFERENTES AL CICLO VITAL

Existen muchas creencias respecto a la gestación. El lograr fecundidad ha dado lugar a prácticas diversas de origen religiosas algunas, como acudir al Santo Cristo de Ourense, a San Andrés de Teixidó, a la Virgen de la Barca y a otros santuarios, pero tienen especial interés aquellas que acusan profunda raíz, como el recibir las nueve ondas con función fertilizante en la playa de A Lazanda, a las doce de la noche de San Juan y el último domingo de agosto si hay luna llena. También otras acciones realizadas con el agua y la noche, con la luna como protagonista, tienen su relevancia, como es el bañarse con agua de nueve fuentes en la misma noche solsticial. Estos ritos tienen su base en las diosas celtas. Un ejemplo de estos tipos de diosas es la diosa caballo Epona que era venerada en todo el mundo céltico, desde Gran Bretaña hasta el Danubio. A esta diosa se la vincula con la muerte, el agua, y por tanto la fertilidad; aspectos que parecen relacionarla con la Diosa Madre.

Un hecho muy curioso que se practicaba antes, y del que todavía gente anciana nos puede dar fe de su existencia, es el del famoso bautismo prenatal, que tenía todo un protocolo. Se efectuaba cuando una mujer no conseguía un parto normal. Cuando iba ya a dar a luz se la llevaba a un puente, a ser posible que tuviera un cruceiro. El bautismo se tenía que realizar a medianoche y se prohibía el paso a toda persona que intentara cruzar el puente antes de esa hora. A las doce se requería al primer transeúnte para que actuara de “ministro”, y se le entregaba agua y sal. En la lengua de la parturienta depositaba la sal y sobre el vientre derramaba el agua, al tiempo que se pronunciarían en el sacramento bautismal: Yo te bautizo... Luego cenaban invitando al que había hecho de ministro, y al terminar arrojaban al río las sobras de la cena.

De herencia céltica es la obsesionante inquietud del gallego por la muerte, que lo domina todo. Según las creencias celtas, el mundo de los vivos está más próximo al de los muertos durante las horas de la oscuridad. Una persona nacida por la noche podía ver fantasmas, y quien se aventuraba a salir de casa por la noche se arriesgaba a ver “gente pequeña” entre las que podía encontrar a sus familiares difuntos. Los druidas que existieron en la Galicia de Maeloc eran miembros de la clase sacerdotal heredera en la tradición celta. Eran educadores, jueces y sacerdotes y creían en la inmortalidad y en la metempsicosis, es decir en la trasmigración del alma.

Pero quizá el hecho más interesante dentro de la obsesión gallega por la muerte sea la Santa Compaña o Estedea. Deambulaban por los caminos, eran las ánimas que vagaban por la noche y atemorizaban a aquel intrépido que anduviera a altas horas de la noche por calles solitarias. Se sigue con la macabra idea de que quien se la encuentra es que le queda poco tiempo de vida.

OTRAS CREENCIAS POPULARES DE ETIMOLOGÍA MÍTICA

La estirpe prerromana en muchas tradiciones populares se advierte claramente su etiología mítica. Un ejemplo de ello son las manifestaciones folclóricas de Galicia que tiene una gran similitud con los bailes de origen céltico.

También recibía gran culto el agua que pervive en las leyendas de moras encantadas, señoritas que surgen en las fuentes. Aún hoy en Alongos (Ourense) se arrojan bollos de pan al Miño con propósitos mágicos. Ofrendas se hacían en el río Támega, y pan y vino a algunos ríos para propiciar la cosecha; monedas en Fontanares...

Ancestrales orígenes tienen también las creencias sobre el fuego. Las meigas sacaban de éste vaticinios y presagios. En el folclore de los años 70 adquirió carácter personal: “alegrarse ao lume, morrer ao fogo”; ser inmaculado y sagrado. Al fuego vienen las almas de los antepasados a calentarse en ciertas fechas.

Dentro de lo que es un mundo de la agricultura y de los “labregos” tenemos la fiesta de los Mayos. Los Mayos vestidos de hojas verdes y adornados con flores recorrían las calles cantando coplas alusivas. El significado general que se le da es la regeneración de la naturaleza en la primavera y con ello, el resurgir de la humanidad tras el letargo del invierno.

Dentro de estas fiestas, la más representativa es en los carnavales, en lo que se llama “Entroido”.

Una figura representativa dentro de estas fiestas es el cigarrón, piliqueiro o felo; dependiendo del lugar de Galicia donde nos encontremos recibe diferente nombre, aunque sus acciones y festejos sean similares a todas las regiones. Se dice que estas fiestas recuerdan la fecundidad de la tierra y de la mujer, tan importante en el mundo celta. También se asocia con las Saturnales romanas y a festejos anteriores. Este felo o piliqueiro recoore el pueblo dando trallazos con el látigo, que pueden recordarnos ritos analógicos de tipo fertilizantes.

También relacionado con el Entroido es la quema del Meco, con el entierro de la sardina... en definitiva era quemar un muñeco que luego tiraban al río. Son ritos de expulsión en donde el muñeco representaba el invierno. Así en Roma las Vestales arrojaban muñecos de paja al Tíber, con fingido llanto, como en muchos lugares de Galicia.

El culto de las piedras aparece documentado desde la prehistoria. Tienen funciones diversas: funerarias, curativas, adivinatorias, fertilizantes...

Las encrucijadas poseen asimismo, carácter mítico. En la religión celta las Matres o Matronae, númenes romanizados de la fertilidad, llevan tras el nombre de la divinidad, a veces, las palabras biviae, triviae, que demuestran su carácter accidental de diosas de las encrucijadas. En estos lugares se enterraban a los niños muertos sin bautismo, los entierros se paraban aquí para rezar el responso. Lo más curioso es la creencia en seres fantásticos, que son pequeñas divinidades de diferente origen que irrumpen en la vida diaria. Ejemplo deeste tipo de seres son: el Canouro, espíritu del campo y de los bosques, las Ouvas en las que pueden reconocerse a las Ouvanas célticas, las Sereniñas do mar, que son ninfas marinas, los trasnos o demos, son demonios que podrían tener alguna similitud con los demonios asirio-babilónicos de acción poco eficaz.

EL ARTE QUE NOS DEJAN ESTOS MITOS

Los pueblos que habitaron estas tierras anteriormente nos dejaron a su paso construcciones como los castros, petroglifos y dólmenes. Por medio de estudios epigráficos de estelas, aras y otros objetos se conocen rituales y cultos celto-romanos que mantienen creencias ancestrales enriquecidas por la mitología romana, tal como la mitología del agua.

Los templos romanos debieron construirse en su mayoría sobre santuarios celtas, ya que tenemos el claro ejemplo de Santa Eulalia de Bóveda, donde se descubrió bajo el atrio un templo con pinturas de flores de claro matiz pagano.

Revista Keltoi (Título original "Mitos en Galicia")

martes, 17 de julio de 2007

La Etica en las maquinas

La ética es la ciencia que estudia el comportamiento moral del hombre y su accionar. Se relaciona con los propios actos que cada uno realiza, las cuales –a su vez– dependen de los propios valores. No es su función prohibir o aceptar indiscriminadamente, sino permitir el discernimiento –dentro de un determinado contexto– entre lo “correcto” y lo “equivocado”, lo “bueno” y lo “malo”.

Pero quien juzga es siempre, en última instancia, la propia persona. Dentro de una comunidad o una sociedad, la ética consiste en aquellas conductas que tienden a ser preferidas a lo largo de períodos suficientemente largos de tiempo, como para convertirse en una especie de codificación. Por ese motivo, y para cualquier actividad humana, la ética es tan igualmente esencial como la creatividad, el conocimiento profesional o las habilidades [Mulej et al, 2002].

Con respecto a la relación entre la tecnología y la ética, se pueden considerar tres aspectos:
• el uso responsable e irresponsable que algunas personas hacen de los objetos tecnológicos;
• cómo los seres humanos deben de tratar a los objetos tecnológicos complejos; y
• los problemas relacionados con los objetos tecnológicos complejos y su interacción con el ecosistema.

Relaciones tirantes

En cuanto al primer punto, y en general, lo que preocupa no es tanto la tecnología en sí misma, sino la utilización que se puede hacer de ella [Ricard y Xuan Thuan, 2001, p. 27]. Lo que provoca miedo es la velocidad e imprevisibilidad de su avance y, en especial, la posibilidad de que se vuelva incontrolable [Capanna, 2000].

Los objetos tecnológicos son neutros: multiplican las posibilidades humanas tanto para hacer el bien como para hacer el mal. Pero definitivamente no son neutros los impactos que tienen dichos objetos sobre la vida de los individuos y las sociedades.

Es el caso de la energía atómica: ofrece tanto la posibilidad de construir centrales eléctricas (que otorgan luz y calor a grandes ciudades) como la posibilidad de construir bombas (que destruyen esas mismas grandes ciudades). Y es también el caso del robot inteligente y autónomo: si su objetivo principal fuese el de satisfacer al Hombre, sería de valiosa ayuda; pero si su objetivo principal fuese el de satisfacer su propia supervivencia, sería extremadamente peligroso [Fritz, 2007].

Por eso, todo avance es percibido de forma ambivalente: como sublime y, a la vez, nefasto; como maravilloso y, al mismo tiempo, monstruoso. Esto no hace más que revelar las contradicciones intrínsecas de una sociedad escindida entre los tecnófilos y los tecnófobos, entre los que se ufanan por los beneficios que puede brindar el poder tecnológico y los que temen al daño irreparable que puede acarrear su utilización descontrolada.

De todas formas, ya no es posible revertir el inevitable proceso de aceleración tecnológica acaecido en las últimas décadas. Sólo queda como única posibilidad la de tomar adecuadas decisiones a fin de suavizar los peligros que pudiese originar, pero sin renunciar a la multiplicidad de sus ventajas. En otras palabras, no se discute si se utiliza o no la tecnología, sino solamente la forma en que se la va a emplear.

Es responsabilidad del homo sapiens ser mucho más crítico con respecto a lo que hace y por qué lo hace; sólo así podrá –en parte– prever algunas de las consecuencias indeseadas. Cuanto más amplio es su poder, mayor debe ser su sentido de la responsabilidad.

Dado que las investigaciones científicas y los objetos tecnológicos tienen el poder de afectar a toda la humanidad, las decisiones sobre su curso actual y futuro no deben involucrar únicamente a los científicos, los empresarios y los gobernantes. Es necesario que la mayoría de la gente tenga una participación mucho más activa a fin de fijar los límites adecuados. Y, en ese punto, el periodismo de divulgación tiene una responsabilidad fundamental [Dalai Lama, 2006, p. 221, 231/2 y 242].

¿Cómo tratarlas?

Las actuales máquinas inteligentes son simples en extremo; en parte porque son muy “jóvenes”: apenas tienen poco más de medio siglo de existencia. No obstante, su avance arrollador las hará inmensamente más complejas en poco tiempo más. Aunque es posible que retengan el nombre “máquina”, con seguridad serán otra cosa.

Si una máquina puede desarrollar tanto actividades cognitivas como afectivas (emociones), habría que empezar a pensar seriamente sobre qué posición ocupa la máquina. ¿Tendrá el propietario derecho a desenchufarla, o a destruir su programación inteligente? ¿Constituiría esto un asesinato? [Ritchie, 1985, pág. 145] ¿Aunque, una vez “asesinada”, se pudiese reconstruir tan bien como si fuera nueva? ¿Sería este caso un “intento de asesinato”? [Freitas Jr., 1985].

De acuerdo con las leyes vigentes, los robots son simplemente una propiedad inanimada sin derechos ni deberes. No son personas legales (al igual que las máquinas y las computadoras) y no los toma en cuenta el sistema judicial. Sin embargo, se debe recordar que, en algún momento de la historia del Hombre, tampoco fueron considerados como personas legales los negros, los niños, las mujeres, los extranjeros y las empresas [Freitas Jr., 1985].

Si la máquina fuese un robot antropomorfo, si fuese capaz de pensar, de sostener debates interesantes o de hacer nuevos descubrimientos científicos (en suma, si desarrollase habilidades cognitivas), tal vez no habría dudas de que “apagarlo permanentemente” constituiría una especie de asesinato.

Pero, si en vez de ser intelectualmente brillante, ¿qué sucedería si mostrase una gama de emociones equivalentes a las que componen al ser humano promedio? Incluso más, si tuviese la forma de un perro, con un nivel mental equivalente a ese animal y su limitada gama de emociones, ¿sería cruel pegarle, o sería nada más que golpear a piezas metálicas o de plástico? [Storrs Hall, 2000].

¿Chatarra o asesinato?

Por otra parte, el cambiar un robot –ya obsoleto y/o pasado de moda– por un modelo más nuevo y tirarlo como “chatarra”, como se hace con un automóvil o cualquier electrodoméstico, ¿no sería también una especie de asesinato?

Antes de construir humanoides inteligentes, se deberían resolver algunos problemas. De hecho, al momento de diseñarlos se debería tener definido si no es una crueldad producir en masa androides sintientes y luego eliminarlos en “campos de exterminio”.

Actualmente, cualquier robot se considera un bien instrumental; en consecuencia, su propietario puede hacer el uso que quiera… incluso hasta destruirlo. Es probable que, con el tiempo, surja un movimiento tendiente a atenuar los derechos derivados de la propiedad de los androides [Monopoli, 2005].

Incluso puede ser que, algún día, éstos argumenten que son seres conscientes y demanden la igualdad de derechos. Es por eso que, por uno u otro camino, hay quienes afirman que el homo sapiens compartirá el planeta con formas de vida sintética que hasta podrían tener “derechos legales”.

¿Qué tipos de derechos se les debería otorgar y/o negar? ¿Se les pueden aplicar los “derechos humanos”? Si un robot emula perfectamente las características humanas, ¿podría reclamar ser miembro de la especie? No se podría exigirle que tenga un cuerpo físico como el humano, ya que –con ese criterio– se deberían rechazar también a las personas que cuentan con partes artificiales [Lucas, 2006]. ¿Cuál será el lugar que los robots ocupen dentro de la sociedad? ¿Formarán su propia sociedad?

Por otra parte, ¿deberían los robots llevar armas? Si se envía un robot para asesinar a un ser humano, ¿de quién es la culpa: de la máquina, de las personas que la diseñaron, de la empresa que la diseñó, de las personas que la construyeron o de la empresa que la construyó? Asimismo, ¿deberían concedérseles patentes a las máquinas? Si un robot (una computadora o una máquina) inventa una patente, ¿pertenece a su dueño o a él mismo?

Nuevo campo

Con respecto a la ética para las máquinas, se pueden distinguir dos niveles: la “humana” y la “artificial” propiamente dicha [Palmerini, 2004]. La función de la primera es la de restringir quién debe construir y quién debe usar robots. Pero su desarrollo no va parejo con el de la ciencia y la tecnología; en otras palabras, no está en condiciones de seguir el vertiginoso ritmo de las proezas científicas y tecnológicas del ser humano.

En lo referente a los nuevos desarrollos tecnológicos, mucho de lo que –en poco tiempo- será factible, está más relacionado con los cálculos financieros empresariales y con las previsiones políticas y económicas gubernamentales, que con los nuevos descubrimientos o paradigmas científicos [Dalai Lama, 2006, p. 221].

La ética artificial de los robots, o “roboética”, es aquella parte de la ética que se ocupa de los problemas relacionados con los robots y con su interacción con el hombre, los animales, la sociedad, la naturaleza y el mundo [Monopoli, 2005].

Se trata de un nuevo campo de estudio que considera a las máquinas, computadoras y robots como un tipo de agentes éticos e intenta implementar en ellos facultades morales de toma de decisiones [Allen, Wallach y Smit, 2006] [Moor, 2006].

La idea es otorgarles un determinado conjunto de reglas o guías de comportamiento universal, un “código de ética”, a medida que se vayan haciendo cada vez más complejas, a fin de que sus acciones no se aparten mucho de la normas humanas (ya que se tornaría imposible controlarlos) [Proença, 2001].

Hasta hoy, sólo el Hombre se comprometió a un razonamiento ético; ya es hora de incorporarle una dimensión ética a algunas máquinas complejas [Anderson y Leigh Anderson, 2006].

Otros agentes éticos

Es enfoque se sustenta en el hecho de que existen casos de otras clases de agentes éticos. Por ejemplo, los perros tienen un sentido de lo que es correcto y lo que es incorrecto. Incluso, los niños son una forma distinta de agente ético: tienen limitados derechos y responsabilidades, y los adultos tienen deberes para con ellos.

Es más, hay una variación continua de agente ético que va desde el bebé hasta el adolescente [Storrs Hall, 2000]. Sin embargo, la mayoría de las personas establece una frontera divisoria para la ética entre lo que considera consciente y lo que considera no-consciente.

Por ejemplo, si se piensa que una serpiente no es consciente, no se harán muchos cuestionamientos en caso de tener que matarla. De igual manera, si se piensa que una máquina no es consciente, se tendrá mucho menos escrúpulo en lastimarla.

Recientemente un equipo internacional de científicos y académicos –pertenecientes a EURON (EUropean RObotics research Network)– elaboró un prototipo de “código de ética”. A grandes rasgos, sus recomendaciones son las siguientes:

• Asegurarse el control de los humanos sobre los robots.
• Prevenir su utilización nociva o ilegal.
• Proteger los datos obtenidos por los robots.
• Rastrear y grabar la actividad de los robots.
• Brindar una identificación única a cada robot.
Fuente : Tendencias21

Esferas

El objeto más antiguo conocido hasta la fecha se halló en el interior de una mina de Sudáfrica, en un estrato de roca de 2800 millones de años de antigüedad. Se trata de una esfera metálica con tres líneas o ranuras artificiales de un trazado perfecto. Aunque hubo numerosos testigos de su descubrimiento y se realizaron todo tipo de pruebas científicas no se pudo ofrecer ninguna explicación convincente de su presencia allí. Sin embargo, aunque irrefutable, no ha tenido la más mínima repercusión, como la mayor parte de estos extraños objetos. [Hay una veintena de objetos metálicos hallados en estratos pertenecientes al Jurásico y al Precámbrico como bolas, cajas, clavos, etc. ]

Existe otra esfera muy peculiar hallada en Ucrania en 1975, en el interior de un cantera de arcilla (datación: 10 millones de años aprox.). Es una bola ovoide negra de casi 9 cm. de diámetro. Al hallarla el trabajador la golpeó accidentalmente y le hizo una pequeña lasca con lo que se pudo ver el interior, semejante a cristal. Los científicos soviéticos confirmaron la antigüedad y, tras una radiografía, comprobaron que el núcleo poseía una densidad menor que cero, es decir, se trataba de una masa negativa, lo que les llevó a plantear la atrevida hipótesis de que el artefacto consistiera en un depósito de antimateria, empleado como fuente de energía.

El mecanismo de Antikythera

A veces, la recuperación de objetos de navíos que naufragaron pone al descubierto tesoros del pasado. El naufragio de Antikythera -nombre de una isla griega del Egeo- no fue la excepción: sacó a la superficie un testimonio único del avance de la técnica de la Antigüedad clásica, el mecanismo de Antikythera, conocido como la primera computadora de Occidente.

Una vez en el Museo de Atenas, después de haber pasado 20 siglos en el mar, a 42 metros de profundidad, las partes limpias del instrumento exhibían en su superficie numerosas inscripciones astronómicas, en principio no atribuibles a meros adornos. No obstante, la idea de que se tratase de un astrolabio también se descartó, debido a que los primeros reconocibles como tales se registran a partir del 650 d.C.

Luego de décadas de olvido -ya que la recuperación se había realizado en 1900-, Derek de Solla Price, un físico e historiador de la ciencia presentó, en 1959, su conclusión: se trataba de un complicado mecanismo de relojería que, por su diseño y funciones, podía ser llamada la primera computadora de Occidente. Según él, las inscripciones astronómicas debían de ser indicadores de un mecanismo de engranajes que, al moverse, mostraban la posición de los cuerpos celestes. La hipótesis fue rechazada por muchos estudiosos.

Sin embargo, De Solla Price no se dio por vencido e hizo examinar los fragmentos del artefacto mediante la aplicación de radiación gamma, con lo cual pudo comenzar la reconstrucción del mecanismo y establecer su fecha y lugar de construcción.


El examen confirmó que se trataba del instrumento científico más sofisticado de la Antigüedad que había llegado hasta nosotros. Consistía en un artefacto de cálculo astronómico con mecanismos de precisión que, mediante 32 engranajes y un engranaje diferencial, mostraba la posición de los cuerpos celestes en sincronización con el año calendario. El usuario, por medio de una perilla, podía accionar un simulador en miniatura del movimiento del sol, la luna y varios planetas, teniendo a la vista la fecha en que se había dado, o se daría, tal combinación.

Mediante este estudio se pudo, además, determinar que el artefacto pertenecía efectivamente al siglo I a.C., y por las inscripciones y la posición de los engranajes se dedujo que había sido construido alrededor del año 80 a.C., en la isla griega de Rodas, ubicada en el mar Egeo. Este hallazgo aportó importantes datos que llevaron a revisar la historia oficial de la técnica griega.

El descubrimiento del mecanismo de Antikythera obliga, además, a redimensionar el testimonio de las fuentes literarias en relación con su valor histórico, durante mucho tiempo consideradas como mero fruto de la exageración.

Calamar? o Submarino?

¿Qué hay en las profundidades del Océano Pacífico? Esa es la pregunta que se hacen científicos y militares estadounidenses, que han recogido una grabación submarina que podría ser de un ‘monstruo' que habita en el fondo del mar.

Los más osados apuntan la posibilidad de que sea la primera prueba viva de la existencia de un calamar gigante.

La señal emitida por este 'monstruo' fue recogida en 1997 por los sensores de la Marina estadounidense colocados a 3.000 millas de la costa del Pacífico. Aunque la misión de dichos detectores de sonido era buscar submarinos, los investigadores se han topado con una señal indescifrable y que sólo pueden atribuir a una 'bestia de las profundidades', todavía no identificada.

Según se puede leer en la página de la Marina, el sonido se localizó a 50º Sur y 100º Oeste, y tenía tal potencia que fue registrado por sensores colocados a más de 5 kilómetros de distancia. La señal se repite en secuencias cíclicas de aproximadamente un minuto de duración, y en ese tiempo se pueden notar altibajos en la frecuencia.

De momento, y mientras se investiga el origen de la señal encontrada, los investigadores han bautizado al ‘animalito’ como Bloop.

Según informa la CNN, la señal recogida por la Marina no se corresponde con la de ningún animal. “Aunque se trata de una frecuencia que podría ser de algún tipo de animal marino, tiene una potencia muchísimo más fuerte que la de ningún ser vivo catalogado en la Tierra”, asegura la revista Britain's New Scientist.

Los investigadores aseguran que el sonido es demasiado potente como para ser el de una ballena, así que estiman como única posibilidad que se trate de un monstruo de las profundidades, posiblemente un calamar gigante.

En caso de que el misterioso animal fuera un cefalópodo de descomunales dimensiones, esta sería la primera señal recibida en vida de estos animales. Se han encontrado tentáculos y huellas de calamares gigantes en diversas ocasiones, pero nunca se ha podido contemplar a un ejemplar vivo. El más grande del que se tiene conocimiento medía 18,2 metros, incluidos los tentáculos.

Varios científicos entrevistados por la revista Britain's New Scientist coinciden en la apreciación de que el sonido procede de un animal, pero ninguno de ellos ha sido capaz de determinar su especie. “Muchos de los sonidos de esta potencia que capta un sónar provienen de ballenas, de submarinos, de terremotos o corrimientos de tierra. Pero en este caso, no se trata ninguna de estas cosas” aseguran. ¿Será, pues, un monstruo de las profundidades?

puedes escuchar la grabacion aki

Nos matara un virus

La raza humana está condenada a desaparecer antes de que acabe este milenio. Según el astrónomo británico Stephen Hawking, será un virus y no una bomba atómica lo que acabe con la población de la Tierra. El científico ofrece una solución: el establecimiento de colonias en el espacio. En una entrevista publicada por The Daily Telegraph, el autor de "Una breve historia del tiempo" declara “estar más preocupado, a largo plazo, por la biología” que por las armas nucleares.

Estas, añade, “necesitan grandes instalaciones mientras que la ingeniería genética puede realizarse en un pequeño laboratorio. Es imposible controlar todos los laboratorios del mundo”.
“El peligro es que, accidental o voluntariamente, se cree un virus que destruya” a la raza humana, explica Hawking, profesor de Matemáticas en la Universidad de Cambridge.

“No creo que el hombre sobreviva los 1.000 años próximos a menos que se disperse en el espacio”, asegura el científico. “Demasiados accidentes pueden destruir la vida en un único planeta”, continúa Hawking, quien añade; “Pero soy optimista, iremos a las estrellas”.

Reproducido de: Diario El Mundo